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Ensayo: Yo soy el “OTRO”

Por Bernarda Lizardía


Desde tiempos inmemorables ha existido alguien más grande y más poderoso que uno, que trata de comernos, de aprovecharse de nosotros. ¿Quién le dio ese poder y esa grandeza para llamarse a sí mismo como alguien superior? Posiblemente él, desde su posición privilegiada, le dio origen a un “otro” del cual también ha sabido cómo beneficiarse; porque de eso se trata el ser más que otro: tener más, más derechos, más privilegios, más dinero, más tierras, más comida, más súbditos, más arriba, más y más y más.


Esa codicia, avaricia, ambición, ese egoísmo, son los valores pilares que desde siempre han podido llevar a una persona a convertirse en el más opulento, porque a personas de este tipo no les interesa el otro, porque, de hecho, ni siquiera se toman el atrevimiento de reconocerlo. Para llegar a la posición que pretenden no les interesa a quién se comen, a quién pasan por encima, a quién...¿qué?, ¿qué más da?, ¿qué importa el otro, vos, yo, todos y ninguno?


Dije que desde tiempos inmemorables esto era así, pero en tiempos inmemorables es más que obvio que yo ni vos existíamos, así que vamos a hablar de nuestra actualidad, del sistema que sí conocemos y del que lamentablemente nos toca ser parte: nuestro “precioso” capitalismo, donde abunda el consumo, los gastos, el dinero, la acumulación de dinero, la idea de dinero como fuente de la felicidad, las “necesidades” que desde luego las compra el dinero, y es aquí, entonces, donde nace la raíz del problema. Así abundan las marcas, las empresas y los empresarios, gente muy rica, importante y prepotente, que ya no entiendo cómo, pero de alguna manera dirigen todo lo que nos sucede a los pobres mundanos. Abundan las personas, las “otras personas”, personas que somos pensadas como un número más, solo la fuente de trabajo. Abundan el hambre, la pobreza, la desigualdad. Abunda la explotación, de los recursos, del medio ambiente, de los animales, de los trabajadores. Abundan los residuos, la contaminación, los químicos, la basura, la gente basura.

Todo abunda. Este es el mundo donde todo pasa muy rápido, todo se basa en tendencias, en ser todos iguales, en querer todos lo mismo. Se basa en poseer para ser importante, donde cada uno es dueño de sí y de lo suyo, y a su vez, nadie es dueño de nada, porque todo es pasajero, todo lo que se tiene se pierde, todo es prestado, todo se cambia por algo más nuevo y más caro, y, sobre todo, todo es una porquería, como este texto.


¿Dijimos que todo abunda? Sí. Pero así como las cosas abundan también carecen. Carecen

los derechos, las oportunidades, los buenos valores, el respeto por el otro, la empatía... y aquí es donde voy a hacer una pausa. ¡Cuánto nos falta de ponernos en el lugar del otro!

Me gustaría analizar más en profundidad esta idea. Es algo que viene resonando en mi cabeza hace algún tiempo, y tomó más peso en mí desde que llegó a mis manos el material de lectura propuesto en clase: “Cadáver exquisito”, una novela escrita por Agustina Bazterrica; que nos relata, desde un mundo distópico, la vida de Marcos Tejo, el encargado de un frigorífico. En este, quizás extraño, pero no tan lejano mundo, ha aparecido un virus letal que ataca a los animales, los cuales deben ser sacrificados por la seguridad de los humanos y, por consiguiente, su carne ya no va a poder ser consumida. Este hecho resulta catastrófico en una sociedad como la nuestra, acostumbrada desde la prehistoria al consumo de carne. Los gobiernos enfrentan la situación con una decisión drástica: legalizar la cría, reproducción, matanza y procesamiento de carne humana. El canibalismo es ley y la sociedad ha quedado dividida en dos grupos: los que comen y los que son comidos... Suena bastante loco, ¿verdad? Pero, ¿y si te dijera que esto también sucede en la actualidad? jajá ¡Por favor, no nos confundamos! Aunque no estoy tan informada en el tema como para afirmar que exista el consumo de carne humana (espero que no sea así), eso no era lo que realmente me interesaba desarrollar. Hablamos de otro “comer y ser comido”. Un hecho que no es tan inocente o casual como puede parecer. Estamos frente a una poderosa denuncia al capitalismo, que nos es planteada por Agustina, la escritora del relato, en forma de una interesante alegoría. Podría estarnos hablando de un “canibalismo simbólico”, si se quiere.


Este concepto se refiere al hecho que desarrollaba en un principio: una persona se aprovecha

de otra sin importarle las consecuencias. Alguien se “come” de otro, por ejemplo, un poco de su tiempo, un poco de su amabilidad, un poco de su dinero, y le importa un comino hacerlo porque, probablemente, desde un principio esas fueron sus intenciones. Esto podemos verlo claramente en la novela, en un suceso que retrata a la perfección de lo que se trata este tipo de canibalismo, precisamente, cuando Marcos parece haberse encariñado con la hembra que había recibido como regalo, e incluso le puso un nombre, Jazmín; la cuidó, la domesticó, hasta la embarazó. Creo que todos llegamos a creer que podrían criar a su hijo juntos, pero -¡qué ingenuos!- Cuando él consiguió lo que quería de ella, un hijo, la asesinó a sangre fría, sin dudarlo ni arrepentirse.


El canibalismo simbólico es lo que principalmente caracteriza a nuestro capitalismo.

Precisamente, predomina un tipo de canibalismo, que podremos llamar económico, que es utilizado a menudo como forma de dominación. Como afirma el sociólogo Aníbal Quijano “la corporalidad es el nivel decisivo de las relaciones de poder. Porque el ‘cuerpo’ menta a la ‘persona’ [...] En la explotación, es el cuerpo el que es usado y consumido, en el trabajo y, en la mayor parte del mundo, en la pobreza, en el hambre, en la malnutrición, en la enfermedad”, en simples palabras esto quiere decir que nuestros cuerpos son a diario explotados para el provecho de alguien más; y esto podemos verlo desde casos extremos, como al explotador, desde luego, no le interesan sus esclavos, ni a una madre que vende a sus hijas a la prostitución, como en casos un poco más cotidianos, por ejemplo, el empleador a quien no le importa proporcionarle derechos laborales a sus empleados por su trabajo.


Estos escenarios hipotéticos suceden dentro de relaciones de poder donde quien come se define a sí mismo y a los de su clase, como superiores, poderosos, con mayor autoridad, como exactamente lo contrario al grupo vulnerado. Desde sus pedestales, de vez en cuando, miran hacia abajo donde están los “otros”: aquello que no fueron, ni son, ni van a ser, ni quieren ser jamás. Por lo tanto, lo que le da el pie para subsistir a la práctica macabra e individualista que llamé canibalismo, es la existencia de la “otredad”, que implica el hecho de discriminar a las personas, según distintas características, en grupos bien delimitados y distantes, en este caso, “los que comen” y “los que son comidos”.


Esa diferenciación realizada entre “unos” y “otros”, puntualiza muchísimo sobre la idea de que el otro no tiene nada que ver con uno; y esa distancia conceptual en la que están ubicados es la que le permite al grupo dominante desvalorizar y cosificar a las minorías. De esta manera se autorizan a convertirlas en algo ajeno y lejano a sí, ya que así consiguen la ruptura de todo tipo de ligaduras afectivas, y esto mismo los posibilita a posicionarse en superioridad para utilizarlas según como les apetezca.


Así, puedo concluir en que dentro de toda la porquería que implica el capitalismo, a mi parecer, lo más brutal es cómo hemos permitido actos de explotación y desvalorización al punto de naturalizar y no cuestionar las prácticas violentas y destructivas llevadas a cabo, por un poco de dinero, sobre, no solo los grupos vulnerados y marginados, sino sobre todos y cada uno de nosotros, de nuestro entorno, de los animales, de la tierra, del agua, de absolutamente todo lo que, sin titubear, aplastamos con nuestros enormes pies y dejamos agonizando a nuestras espaldas a medida que continuamos avanzando.


Desde luego puedo afirmar que no existen “nosotros” y “los otros” como dos grupos independientes y completamente diferenciados. Mientras somos uno, también somos el otro.

Ninguno puede estar exento de eso. Entre tanto nosotros comemos, devoramos y seguimos explotando sin piedad las maravillas que nos da la vida, más rápido nos convertimos en los otros.


Sin etiquetas, todos juntos nos estamos enterrando. Nos la pasamos escupiendo para arriba, como si no supiéramos que, en algún momento, nos caerá en la cara.




Bibliografía


❖ https://iberoamericasocial.com/canibalismo-simbolico-en-mar-canibal/

❖ https://concepto.de/otredad/

❖ https://definicion.de/alteridad/


❖ https://observatorio.tec.mx/edu-news/que-es-la-

otredad#:~:text=La%20otredad%20es%20el%20resultado,otredad%20van%20de%20la%20mano.

❖ https://www.teseopress.com/palabrasclavefronteras/chapter/otredad/

❖ https://definicion.de/otredad/


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